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Hech. 24:1-27

La defensa de Pablo, la leemos en Hech. 24:10-21, donde repasa todo y como fueron cada uno de los hechos, destacando su correcto comportamiento, “según el Camino que ellos llaman herejía”, y siempre manteniendo “una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”. Luego explica detalladamente como fueron realmente los hechos, donde de alguna forma solicita que se presenten los testigos, para acusarle, Hech. 24:19 “Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo”, tal como lo dice la ley de Moisés, Deut. 17:6, que deben haber dos o tres testigos para establecer la culpa del acusado. El gobernador, al terminar de oir todo lo referente al Camino, aplazó el juicio hasta que viniese el tribuno Lisias, pero en el intertanto, llamó a Pablo, para oír respecto de su fe en Jesucristo. Hech. 24:25 “Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Felix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.” Este hombre, al no oir lo que esperaba y además al verse confrontado con la palabra, decidió sacar de delante de él a Pablo, él esperaba que el acusado le ofreciera dinero, y así sacar provecho de su posición, Hech. 24:26, como muchos políticos y gobernantes hoy en día.

Ahora, me quiero centrar en el verso 25, donde Pablo le habla sobre la fe en Jesucristo, y le expone de “la justicia, dominio propio y el juicio venidero”. La palabra tiene el efecto de confrontar nuestras vidas, y sin duda que eso no tiene que haberle gustado a este hombre, ya que la historia lo considera, como un hombre muy cruel, con una vida de libertinaje y que empleaba su autoridad para su provecho. Así muchos de nosotros al oír el evangelio fuimos confrontado con nuestra forma de vida, donde la justicia, se refiere que el hombre por ser pecador, no puede cumplir por si sólo, el llevar una vida aceptable delante de Dios. Por lo que Dios provee esa justicia en la fe Jesucristo, Rom. 3:22-23. Es como un manto de justicia que desciende como una vestidura sobre todos aquellos que depositan su fe en Cristo Jesús. Después habla del Dominio propio, esto quiere decir controlar o dominar los apetitos, deseos y pasiones. Los que logran practicar el dominio propio dejan de hacer las obras de la carne, y comienzan a vivir y ser guiados por el Espíritu Santo, Ga. 5:19-23, dando así glorias a Dios. Y finalmente habla sobre el juicio final, al cual todo hombre y mujer deberá enfrentar, pero aquellos que han decidido rendir sus vidas a Cristo Jesús, y han sido justificado por la sangre del Cordero, y han sido guiados por el Espíritu Santo, deberán comparecer ante el tribunal de Cristo, 2 Cor. 5:10, pero los que han  querido ser justificado por tus obras, y han vivido su propia justicia, y han vivido satisfaciendo los deseos de la carne, tendrás que comparecer ante el Trono Blanco, Ap. 20:11-15. Iglesia, se hace urgente el seguir predicando la palabra de Dios, aunque cause molestia para los que las escuchan, pero no existe otra forma para que los personas sean salvas, Rom. 1:16-17; 1Cor. 1:21. Queridos (as), la exposición del evangelio, desnuda el alma del ser humano y lo confronta con su propia justicia, la cual es como un trapo de inmundicia, revelando así nuestra miseria, pobreza, y necesidad, pero al mismo tiempo presenta la solución a nuestras necesidades, que están en la fe de nuestro Señor Jesucristo. No dejemos de predicar, aunque puede ser incómodo para los que oyen, pero es lo único que librará la vida del juicio venidero. Vamos por más.

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